
DEL TRISTE DUEÑO DE LA SOMBRA
Sombra de un hombre, encogiéndose
con el andar de la mañana,
estirándose
con el declive de la tarde.
La sombra, un alma que naufraga.
Ver que no somos ya
ni la sombra de esa sombra.
Ayer no más, su compañía,
en el relleno del vacío.
Sombra viajera, sombra sin norte
en el plano gris del desencanto.
La sombra marchó linchada
por el dolor de su raíz adolorida.
¡Oh, si la sombra, al final de su tristeza,
enterrara su cuerpo
en arenas vivientes de la noche!